Por Maria Alonso

Los jóvenes hoy en día aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Los jóvenes de hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan el respeto a sus maestros.

Esta frase os sonará algo anticuada, pero seguro que habéis escuchado comentarios muy parecidos en algún momento. Bien, pues fue Sócrates quien ya en su día hablaba así de la juventud.

Es sin embargo la fuerza de la juventud capaz de arrasar montañas, cambiar el orden de las cosas y las mentalidades injustas y enquistadas de mentes más experimentadas. Desde el inicio de los tiempos, la humanidad ha sido dirigida por generaciones situadas entre la juventud y la vejez y REdirigida por los jóvenes. La historia moderna está llena de ejemplos, desde Mayo del ‘68 en Francia, pasando por el de los ‘80 en Chile, hasta los movimientos que hemos podido experimentar en Barcelona los últimos años (contra la LOMCE, 15M, Can Vies…). Todos ellos han cambiado el curso de las políticas de sus tiempos, y por tanto las vidas de la gente y sus futuros.

Esta etapa de la vida en la que os encontráis puede resultar confusa y llena de indecisiones, pero a la vez desborda energía y autenticidad… Parece ser -por mucho que nos cueste admitirlo a algunos- que cuanto más mayores nos hacemos más se va diluyendo esta energía, o quizás nos vemos forzados a repartirla entre más frentes de la vida y de ahí que tendamos a relativizar lo que en otro momento nos hubiera hinchado la vena de la sien.

Por muy ocupados que estéis en vuestros estudios y en vuestras creaciones, es casi imposible que no os haya afectado de un modo u otro la actualidad política y social que se respira en cualquier esquina de Barcelona estos días. Da igual lo que penséis, da igual cómo os sintáis o a quién os sintáis más próximos. El momento que vivimos es crucial para vuestro futuro y cambiará vuestras vidas, sea hacia un sentido o hacia otro. Por eso no debéis ignorar la fuerza de vuestros gestos y vuestras opiniones. Si queréis, podéis cambiar el color de la realidad simplemente alzando vuestra voz como colectivo. Aunque os pueda parecer lo contrario en vosotros reside la fuerza de cambiar las cosas y el mundo os escucha.

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