por Soren Evinson

A continuación algunas consideraciones sobre terminología clave en el contexto académico de las artes escénicas: ¿Qué significa la ‘excelencia’ en un contexto académico de las artes escénicas donde la realización de una práctica no desemboca un producto acabado? O ¿qué connotaciones lleva la palabra ‘rendimiento’, si atendemos a que lo escénico genera una situación o evento que mueren en el momento que aparecen, lo que se conoce como efemeralidad?

Esta terminología tiene una fuerte presencia entre estudiantes y profesores, entre misiones de centros académicos alrededor del mundo y parámetros de evaluación sobre alumnados. Sin embargo, dicha terminología a menudo se presta a la confusión debido a sus diferentes
interpretaciones.

La performance irónicamente, de hecho, significa rendimiento en inglés. El rendimiento es performance. La excelencia se refiere a la calidad de un producto en un contexto de producción. Estos términos son absorbidos por el mundo de la empresa y el mundo financiero para medir los niveles de ganancia y pérdida que ofrecen sus productos y para medir la calidad suprema de los mismos. Y los términos son devueltos al territorio académico y pedagógico con la apariencia de parámetro, creando la ilusión de que es posible cuantificar el rendimiento de una práctica artística o valorar objetivamente la calidad de tal práctica, como si cuantificar el aprendizaje o cuantificar el arte fuera posible.

Colocando terminología como esta para que transite entre el mercado y la pedagogía es como se instalan discursos de competitividad en contextos de aprendizaje artístico. Mercado y academia unidas por palabras como excelencia y rendimiento. Y precisamente, el mundo académico se imbuye progresivamente en las leyes de mercado, y se desconecta
progresivamente del enfoque procesual.

Pero el periodo de estudio es un periodo de aprendizaje, de investigación, de imprecisiones y sobretodo de ‘inacabados’. Es en el material procesual, irresuelto, inconcluso, donde lxs alumnxs pueden seguir desarrollando su particular camino de exploración y aprendizaje sin que las leyes de mercado ejerzan de organizadoras de su tiempo.

Y entonces, en un contexto de feedback donde el rendimiento y la excelencia sobrevuelan como drones por encima de nuestras cabezas, ¿Cómo podemos pensar la excelencia y el rendimiento en relación a materiales que están en proceso y que es conveniente que no culminen sino que continúen ese camino de profundización?

Aprendí con Karen Christopher en sus clases de composición en Londres, a dar feedback bajo el método que desarrolló en su compañía de teatro de Chicago Goat Island a lo largo de 30 años. Sin Poder entrar aquí en todos los detalles, el principio del feedback se sostiene sobre dos ejes:

1. comentar sobre lo que nos interesa de la propuesta
2. buscar modos de proponer estrategias para ir más a fondo en esos materiales que suscitan nuestro interés.

Este métodos parte de la convicción de que aquello que no funciona se irá diluyendo a medida que lxs alumnxs se centren sobre lo que ‘funciona’. Obliga a poner la mirada sobre los procesos y nos aparta de los resultados. Nos precipita hacia buscar la excelencia y el rendimiento en el cómo nos situamos como creadores ante la búsqueda y no en el resultado y nos hace actuar acorde a una realidad escénica que en sí es siempre efímera y que el único momento en que acaba es en su encuentro con el público, luego inmediatamente vuelve a desaparecer. Desaparecer es su estado natural.

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