por Mayca Sanz

Dos de las cosas que nos provocan más placer a las personas de buen corazón son el cine bien hecho y la buena música. Hace dieciséis años, en Barcelona, un pareja de amigos decidió invertir esfuerzo y energía en celebrar la unión de estas dos disciplinas y compartir su pasión con el mundo. Cuentan que Alberto Pascual y Uri Altell sellaron el pacto de dar vida a su idea loca en un bar y lo firmaron en una servilleta.

Y así nació In-Edit, un festival de cine documental musical que resultó, desde el principio, una fiesta que mucha otra gente en la ciudad quiso compartir. Además de poner en valor el documental musical como género cinematográfico y regalarnos poder ver en pantalla grande las obras maestras del mismo, In-Edit ha hecho posible que descubramos historias maravillosas sobre nuestros artistas, estilos musicales y épocas favoritos.

Cada año In-edit programa alrededor de 50 películas que abarcan una diversidad enorme de contenidos, para todos los gustos y edades, e invita a muchos de sus autores y protagonistas a compartir sus obras con el público de Barcelona. Así, a lo largo de los años hemos podido asistir a masterclases de directores como Julian Temple, imprescindible del género y autor de obras tan míticas como The Filth and The Fury sobre los Sex Pistols, o conversar con el tristemente desaparecido Malik Bendjelloul, después del estreno
de su película Searching for Sugar Man en lo que recuerdo personalmente como uno de los mejores de mi vida -y he asistido a muchos- lleno de emoción y ternura. El público estaba absolutamente entregado y agradecido por haber descubierto a un músico maravilloso, Sixto Rodríguez, y disfrutado profundamente con su historia extraordinaria. Unos meses más tarde, esa historia ganó el Oscar y revivimos la emoción. Si no sabéis de qué hablo, buscadla, en serio, vale mucho la pena.

Igual que vale mucho la pena que del 25 de octubre al 4 de noviembre os acerquéis a los cines, escojáis dos o tres o cinco películas sobre temas y artistas que os parezcan interesantes e invirtáis vuestro tiempo en descubrir y emocionaros con esta combinación de cine y música.

Desde su fundación en 2003, In-Edit ha organizado 36 ediciones en distintos países del mundo, exhibiendo más de 600 documentales musicales y movilizando a más de 80.000 espectadores. Son datos que caben en un par de líneas pero generarlos han sido, hasta ahora, más de dieciséis años de ilusión, trabajo, esfuerzo y buenas ideas. Una de sus buenas ideas es la apuesta constante y firme por los autores y obras nacionales. Cuando asistí por primera vez a In-Edit, poco podía soñar yo con que un día proyectarían películas en las que he participado. Como productora, agradezco profundamente que existan pantallas que permitan acercar al público apuestas de todo tipo, pero sobre todo obras independientes o de géneros concretos que cuesta mucho esfuerzo hacer llegar a plataformas de consumo de masas. Como amante del cine y la música, no puedo ser más entusiasta de la iniciativa de este festival que me asegura una semana al año de
momentos de placer. Y como persona inquieta culturalmente, In-Edit ha sido en gran parte la inspiración y el espejo que me llevaron a creer que un grupo de amigos podíamos hacer realidad la idea de otros dos locos que querían celebrar en Barcelona un festival de cine independiente norteamericano. En 2018, Americana ha cumplido 5 años y 8.000 personas han venido a ver nuestras películas. Ésa es otra historia, pero lo que para mí está claro es que si os pasáis por In-Edit, algo bueno os llevaréis.

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